La importancia de la comunidad de fe durante la escolaridad

La experiencia de cursar, en cualquier etapa, viene con una serie de desafíos propios de cada edad.
Todos los niños, adolescentes y jóvenes estudiantes (y nosotros, los padres) necesitan saber que la Iglesia creada por el Señor no es sólo un lugar dónde realizar algunas actividades religiosas el día domingo, sino un sitio de soporte y acompañamiento en la vida cotidiana.
Dios es la fuente última de toda satisfacción, pero el mismo Señor ha provisto (en su gracia y sabiduría) a Su Iglesia como medio para ministrarnos sus dones.
Tomemos 3 minutos para meditar por qué es tan importante, para nuestros hijos, congregarse consistentemente durante la etapa de estudios:
EN EL CANSANCIO Y EL ESTRÉS, LA IGLESIA PROVEE REPOSO
Las tareas, los exámenes, la adaptación y la convivencia llevan a los chicos a niveles de cansancio y tensión (mental y emocional) que les afectan evidente y negativamente.
Durante estos períodos su humor se altera y sufren estados de angustia y ansiedad.
"Necesitas orar y entregarle tus cargas a Dios", les decimos. Y es correcto. Pero en esas condiciones incluso orar y adorar les resulta difícil a causa de las cargas que llevan.
¿Acaso no nos ocurre lo mismo a los adultos?
En este contexto necesitamos recordar la Palabra de Dios:
"Sobrelleven los unos las cargas de los otros, y cumplan así la ley de Cristo" (Gálatas 6:2).
Así es. Cristo mismo ha provisto líderes y hermanos que, en su amistad, nos ayudan a aliviar el peso de las cargas de la vida. Solemos pensar en este pasaje sólo en relación a enfermedades graves, o períodos de escasez financiera, pero no es el sentido exclusivo del texto. También aplica cuando nuestros niños necesitan ayuda en matemáticas, inglés o historia.
Es simple y hermoso: El deseo de nuestro Señor, es que gustemos de los vínculos amorosos de las relaciones de fe para transitar juntos las dificultades de la vida.
¡Qué lindo cuando nuestros hijos, de cualquier edad, pueden experimentar esta compañía! El fin de semana, a mitad de semana, en las casas, en el templo, habrá un espacio donde podrán contar cómo se sienten, serán abrazados, consolados y recibirán consejo, oración intercesora y ayuda.

EN EL BULLYING Y LAS CRISIS, LA IGLESIA ES LUGAR DE REFUGIO
Los niños cristianos también sufren burlas (a veces justamente a causa de su fe) y crisis de desarrollo.
Los hijos de creyentes también ejercen bullying sobre sus compañeros y se suman a chistes burlones.
En este contexto, la comunidad de fe es el lugar donde pueden encontrar comprensión y corrección amorosa.
Pero ¿Esto no es responsabilidad de los padres?
Absolutamente, es en casa donde tenemos la obligación prioritaria de brindar disciplina y amor; pero pronto descubriremos cuánto necesitamos de hermanos que nos ayuden en la crianza de nuestros hijos.
El libro de Hechos de los Apóstoles relata cuál fue la conducta de los creyentes perseguidos y hostigados, como también la respuesta de su congregación:
"Tan pronto como quedaron libres, Pedro y Juan volvieron adonde estaban los demás creyentes y les contaron lo que los sacerdotes principales y los ancianos les habían dicho. Cuando los creyentes oyeron las noticias, todos juntos alzaron sus voces en oración a Dios...Después de esta oración, el lugar donde estaban reunidos tembló y todos fueron llenos del Espíritu Santo. Y predicaban con valentía la palabra de Dios" (Hechos 4:23-24 y 31).
¡Qué lindo que nuestros hijos encuentren un grupo de amigos donde compartir sus luchas y sufrimientos, y reciban una poderosa oración de consuelo y fortaleza!
Que tranquilidad para los padres saber que nuestros adolescentes no buscarán refugio aislándose en los dispositivos, o vinculándose con amistades poco convenientes que podrían arrastrarlos a vicios peligrosos, sino en la fraternidad de un cuerpo espiritual.
Pero también es alentador saber que no estamos solos en la tarea de corregir la conducta torcida de nuestros hijos, también hay líderes y consejeros que los instruirán con la Palabra del Señor, porque ese es el encargo divino que han recibido:
"No trates con dureza al anciano; al contrario, aconséjalo como si fuera tu padre; y trata a los jóvenes como si fueran tus hermanos. A las ancianas trátalas como a tu propia madre; y a las jóvenes, como si fueran tus hermanas, con toda pureza" (1 Timote 5:1-2).
Es para mí un alivio, siendo padre, que mis hijas estén rodeadas de amigos y líderes que les señalarán con verdad y amor lo que están haciendo mal, y les ayudarán a caminar en búsqueda de un cambio.

EN SEMANAS CON POCO TIEMPO, LA IGLESIA ES LUGAR DE ADORACIÓN
No podemos mirar para otro lado, seamos honestos: Comienzan las corridas, las obligaciones, nuestras agendas se cargan con actividades y, en consecuencia, esos devocionales relajados y extensos que teníamos en las vacaciones son sólo un grato recuerdo.
Nos ocurre a los adultos y también a nuestros hijos.
Cuando nuestra comunión personal con el Señor flaquea o se ve amenazada, es cuando más notamos la riqueza del tiempo compartido con otros creyentes. En la reunión de los hijos de Dios nos dedicamos juntos a meditar en la Palabra, orar, cantar y servir. Somos impulsados a conectarnos con nuestro Salvador, recibimos aliento si estamos desanimados y nos motivamos mutuamente.
Así lo expresa la Epístola a los Hebreos:
"Tratemos de ayudarnos unos a otros para animarnos al amor y a hacer el bien. No dejemos de reunirnos, como algunos acostumbran a hacer, sino animémonos unos a otros, y con mayor razón cuando vemos que aquel día se acerca" (Hebreos 10:24-25).
Es curioso encontrarme con creyentes que creen que deben elegir entre la comunión íntima y la vida en comunidad, o que una reemplaza a la otra, cuando la Escritura es clara al enseñar que AMBAS SON PARTE INDISPENSABLE DE UNA ESPIRITUALIDAD SANA.
Que alegría que, en esas semanas de apremio, mis hijas encuentren dos o tres oportunidades para cultivar la piedad en compañía de otros cristianos.
EN MEDIO DE MALAS INFLUENCIAS, LA IGLESIA PROPONE RELACIONES SANAS
Ya sabemos lo que Dios dice acerca de las relaciones y su influencia en nosotros.
"No se dejen engañar: las malas compañías corrompen las buenas costumbres" (1 Corintios 15:33); o "Júntate con sabios y obtendrás sabiduría; júntate con necios y te echarás a perder" (Proverbios 13:20).
Tan impotante es este asunto, que es un tema recurrente en la Biblia. Incluso en la epístola a los Corintios, surge de una preocupación al descubrir que algunos creyentes estaban negando, nada más y nada menos: ¡Que la resurrección de entre los muertos! Lo que incluía a Cristo mismo.
No estoy diciendo que nuestros hijos acabarán por negar la resurrección de Jesús...espero que no. Pero sí quiero señalar el peligro real que la Escritura advierte sobre el impacto que producen, progresivamente, en nuestra mente y corazón los círculos en los que nos movemos.
Al iniciar el período lectivo nuestros hijos pasarán muchas horas con compañeros no creyentes, cuyos temas de conversación no provienen de Dios ni le honran. Coparten horas de cátedra también y horarios extra en contraturno, recreos, reuniones por trabajos prácticos y grupos de WhatsApp.
También están expuestos a horas de contenido por parte de los docentes y los libros de texto, que en nuestra época sugieren el riesgo de la ideologización.
Comentarios, insinuaciones, preguntas polémicas, lecturas y charlas son como gotas sobre la roca. Lo comprobamos constantemente en nuestras congregaciones, ¿No es así?
Nuestros adolescentes se acercan con dudas sobre la Biblia, la fe y los valores cristianos, dudas que surgieron en esos espacios; a veces promovidas honestamente por compaeros que se interesan en Jesús, otras veces sembradas con malas intenciones por amigos y profesores.
Entonces no es necesario aclarar cuán importante resulta la compañía de los creyentes para sostenernos en esta batalla diaria.
Y no sólo como antídoto contra las malas influencias ¿Dónde más podrán encontrar, nuestros hijos, amistades con quienes pasar tiempo de ocio y recreación sana? ¿En qué otro lugar hallarán pares con quienes conversar sobre sentimientos e intereses compartidos?
Me quedo tranquilo cuando mi hija mayor, entrando en su pre-adolescencia, quiere salir a comer una hamburguesa o jugar en la plaza con amigos en la fe. ¿Perfectos? Claro que no, pero con los mismos valores.
Conclusión
Es imposible soslayar la relevancia de la comunidad de fe para el crecimiento del cristiano.
Para las familias representa apoyo.
Para los niños, adolescentes y jóvenes, la socialización es vital y definitoria, qué mejor que contar con el respaldo de la iglesia en etapas tan delicadas de la vida.
A veces me preguntan: "¿Por qué le das tanta importancia a la iglesia?".
No puedo hacerlo menos de lo que nuestro propio Señor le asigna y reconoce en su Escritura.
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